











La parodia:

Ya sabemos que en nuestros sueños reímos, lloramos, vemos colores, hablamos idiomas que hemos aprendido, vemos caras y lugares conocidos y desconocidos, sentimos olores y sensaciones fuertes… Cuántas veces no hemos interrumpido un sueño y nos hemos obligado a volver a este otro lado, al mundo de los no sueños, cuando la tristeza, el dolor o el pánico se han vuelto demasiado vívidos. O, lo contrario, cuando el sufrimiento es tan insoportable de este lado, que nos evadimos para evitar esta realidad. Y he aquí la encrucijada, ¿cuál de los dos sueños es más real? ¿Cuál de los dos mundos es el verdadero? ¿En qué estado sentimos más? En el que vivimos sin estarlo viviendo o en el que vivimos viviéndolo. En otras ocasiones hemos continuado un sueño, exactamente como las series televisivas, tal vez porque nuestra curiosidad es tan grande o porque hay quienes no pueden dejar nada sin terminar, así como cuando empezamos a leer un libro que no nos satisface ni nos produce el mínimo placer, pero que terminamos, porque no hay que dejar nada inconcluso, eso es para los músicos…
Hay días en que al despertar sentimos un dejo de tristeza, una sensación de alegría, una chispa de energía, días, en que sin saberlo o pensarlo el sueño nos persigue como una sombra. De seguro que lo que hagamos ese día lo haremos bajo la influencia onírica sin imaginarnos siquiera el por qué.
¿Pero, cómo se explica, el que una persona nada musical, como yo, haya soñado toda una canción? Con melodía y letra. Nueva, nada conocido ni oído antes. Tal vez es así como muchos compositores han creado nuevas melodías, melodías que ellos sí han podido transcribir con la ayuda de las notas. O, un edificio hermoso, que hubiera diseñado y construído, de haber sido arquitecta. ¡Cuán creativos somos en el mundo de los sueños! Hay quienes dicen soñar en lenguas que no conocen…¿Será que nuestra capacidad cerebral es mucho más grande de lo que podemos imaginar? Que nuestro cerebro, inconciente, pero concientemente mientras dormimos, basado en nuestros conocimientos, sensaciones y percepciones hace sus propias combinaciones, saca sus propias conclusiones, forma y vive su propio mundo… Ese mundo que también vivimos intensa y realmente.
Personas hay que dicen no soñar, deberían acudir al personaje de Gabito que “se alquilaba para soñar”, aunque, afirman los científicos que todo el mundo sueña, sólo que algunos no lo recuerdan. Que soñar es además sano y necesario.
Ya se cuestionaba y constataba el Segismundo de Calderón que “ ¿Qué es la vida?, un frenesí;
¿qué es la vida?, una ilusión
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”
Sí, así es, los dos mundos, el uno tan real, el otro tan irreal y sin embargo, ambos tan vívidamente reales.
Mariposa (de mari- y , imperativo de posar ; seguramente, expresión del folklore infantil)
Las pesadillas (sinónimo: malsueños) al igual que los sueños han sido motivo y tema de gran relevancia a través de la historia. Ya en la Biblia se habla de la interpretación de los sueños y la oniromancia ha sido practicada en muchas culturas. Muchos reyes, sacerdotes y personajes históricos (¡aquí encontré tres!) no se atrevían a dar un paso sin antes obtener una interpretación de sus sueños o malsueños.
Esas pesadillas o malsueños en los cuales no nos sale la voz cuando queremos gritar o estamos como pegados al piso y no nos podemos levantar y salir corriendo cuando estamos en peligro, que por mi parte eran mucho más frecuentes en la niñez, eran un misterio para mí. Ahora en cambio lo comprendo, es la sabia naturaleza que lo ha hecho así. Se imaginan si cada vez que una familia de diez o quince personas, más los posibles huéspedes y servidumbre tuvieran pesadillas o malsueños de este calibre, (por no contar a los vecinos) ¿cómo serían las noches? No habría alma que pudiese pegar el ojo y quién sabe cuántos ataques cardíacos al despertarte a punta de horrendos chillidos desgarradores. Luego, nos estaríamos dando golpes en la oscuridad, de poder despegarnos del malsueño, o chocándonos los unos con los otros. El resultado sería como mínimo, que andaríamos todos como sonámbulos a causa de la falta de sueño y hasta preferiríamos el miedo y los gritos de la vida real, ya que no nos despertarían de semejante susto. En resumidas cuentas, viviríamos como sonámbulos despiertos de día y como despiertos sonámbulos de noche.
María Clara Álvarez es profesora de español en la Escuela de Ryd y en el Instituto de Västerhöjd en Skövde.